
Se trata de una cavidad de erosión de unos 60 metros de larga y cerca de 25 de ancha. Para entrar hace falta subir en uno de los pequeños botes de remos anclado al exterior de la gruta; después de haber pagado el billete se entra en la gruta estando extendidos en el fondo del barco, ya que la entrada es muy estrecha (en cuanto el mar se remueve, es suspendido el servicio de entrada de los barcos). Existe una segunda entrada de mayores dimensiones, pero completamente sumergido; justo esta entrada submarina permite la coloración azul de las aguas dentro de la gruta por un fenómeno de reflexión de la luz solar. Una vez en el interior, el espectáculo es casi surrealista, la transparencia y el azul del agua nos dan la impresión de navegar en un cielo limpio, los barcos parecen flotar en un universo fantástico.
La Gruta Azul es conocida ya desde el tiempo de los romanos (sobre el fondo de la gruta han sido encontradas estatuas de ese período). Posteriormente, la gruta quedó abandonada, porque los pescadores de la isla creyeron que en ella vivían espíritus malvados.
El 18 de abril de 1826 fue redescubierta. Desde entonces la gruta ha sido visitada por millares de turistas procedentes de todas las partes del mundo.
Se aconseja hacer la visita a la Gruta Azul, incluso teniendo que afrontar largas colas de turistas o debiendo esperar pacientemente algo de tiempo por las adversas condiciones del mar. Merece la pena la espera. Se tendrán mayores posibilidades de encontrar poca gente en las primeras horas de la mañana. Si el barquero no quisiera cantar, y si alguna persona tiene una bonita voz, debería cantar una canción melódica para comprobar la fantástica acústica dentro de la gruta. Desafortunadamente el baño está prohibido, pero bastará con asomarse ligeramente del barco y sumergir una mano en el agua azul, para sentir el hechizo. Hay muchas historias y muchas leyendas sobre esta gruta, cuando se visita se es parte de alguna leyenda.