La fuente de la que deriva el nombre de la plaza, como la podemos admirar hoy en su magnífico aspecto marmóreo es obra perenne de Nicola Salvi (1732-1751) quien tomó el trabajo ya empezado noventa años antes por Bernini.
La monumental fuente, famosa por el lanzamiento de las monedas que tendría que asegurar a los turistas la vuelta a Roma, fue acabada solamente en 1762.