Es la Chirsa Etrusca, la romana Caere, y surge sobre una altura a pico coronada por las de los árboles. Entramos en la Necrópoli Etrusca para advertir la dulzura del paisaje de los olivos salvajes, retama y oleandros acariciados por la brisa del cercano mar.
En estas playas de desembarcaron los etruscos, aquí enterraron a sus muertos preparando suntuosas moradas para la eternitad. Se hallaban convencidos de que los espíritus de los muertos sobrevivían en las tumbas y que la belleza de las mismas servía para garantizarles una felicidad en el Más Allá. No sabían que preparaban, junto a las últimas moradas para ellos y sus seres queridos, el mayor monumento de su misma civilización; la prenda de su supervivencia.
Aquí, como mañana en Tarquinia (Tarqüinia), acogeremos la sugestión de estas necrópolis marinas. Los sepulcros de túmulo, en forma de cupulitas cubiertas de yerba, se abren, a través de pequeñas puertas rectangulares, sobre la calle. Es necesario encontrar un guía que nos acompañe a las Tumbas. Podemos visitar, la del Alcoba, con la cama del difunto, en piedra; la de Tarchanas, o Tarqüini; la más amplia, la de los Relieves, con magníficos estucos policromados; la del Triclino, de los Pilastres, de los Animales pintados.
A los 15 km surge Santa Severa la etrusca Pyrgi, con un grandioso castillo y Santa Marinella, sobre el mar. De aquí, a los 10 km llegamos a CIVITAVECCHIA. Bastará visitar en esta ciudad el puerto, castillo medieval y el Fuerte, diseñado por Miguel Ángel.
A buena hora de la mañana emprenderemos el camino con un trayecto de 22 km hasta, TARQUINIA.