Obra en travertino de G.L. Bernini, ideada en 1642 para Urbano VIII Barberini, del que la plaza ha tomado su nombre (Piazza Barberini).
Es una original invención barroca con sus cuatro delfines que llevan, encima de sus colas trenzadas, una concha con las dos valvas abiertas.
En el centro se encuentra un tritón mientras sopla con energía dentro de una cáscara, de la que sale el impetuoso chorro de agua.